Sonia Fuertes, Presidenta de ECAS

“A veces confundimos la responsabilidad que la Administración tiene y las entidades tenemos, de supervisar y gestionar de manera responsable el dinero público, con un exceso de fiscalización, incluso juzgando excesivamente al otro”

Sonia Fuertes, Presidenta de ECAS

Hablamos con la Presidenta de ECAS (Entidades Catalanas de Acción Social) sobre la actualidad en el mundo social y la responsabilidad de entidades, administraciones y ciudadanos.

¿Qué medidas deben tomar las entidades y administraciones para hacer frente a las problemáticas sociales actuales y mejorar la situación de muchos colectivos que están en riesgo: inmigrantes, MENAS, personas en situación de sin hogar...?
Por un lado, tenemos un contexto global. Ya hace mucho tiempo que hablamos de todo lo que es la globalización y lo que comporta, y eso ha comportado que determinadas dinámicas que no son nuevas, como el fenómeno migratorio, por ejemplo, ahora tiene otras dimensiones que antes no tenía. Esto no es nuevo. Incluso todo lo que tiene que ver con el cambio climático y con la escasez de recursos en muchos países, y también el hecho de que la información circula como circula, hace que muchas personas quieran cambiar su lugar de residencia porque está en riesgo, porque quieren sobrevivir, porque quieren ofrecer una mayor vida a sus hijos, etc. Por tanto, es un contexto global en que cada vez más un suceso que pasa en una parte del mundo nos afecta a la otra parte del mundo. Yo creo que la clave global es importante. En un contexto más cercano, desde ECAS consideramos que es necesario replantear el modelo socioeconómico y es necesario pensar mucho más en clave de políticas sociales como inversión y, por tanto, entenderlas también desde su vertiente preventiva y transformadora hacia las colectividades y las personas, y no tanto desde una vertiente propiamente paliativa, de actuación sólo en esos casos en que ya se ha vivido un proceso de exclusión e incluso, a veces, aunque el término lo podemos cuestionar, de cronificación de situaciones. Ahora mismo, desgraciadamente, hay muchísimas problemáticas, y muchas de ellas muy vinculadas con estas situaciones socioeconómicas, por ejemplo, la vivienda. La vivienda es un ejemplo clarísimo. No hay vivienda social, pero tampoco hay vivienda pública.
De hecho, siempre se debe poner en relación todo lo que comporta la vivienda con los salarios. Ahora hay algunas propuestas políticas respecto del salario mínimo. Estamos en un momento que está muy devaluado. Hay personas que están trabajando y que son pobres y que con este salario es imposible que puedan tener una vivienda en condiciones.
A parte de estas situaciones que tienen que ver con las condiciones socioeconómicas, hay un tema en políticas sociales que es importante, que es poner la mirada no sólo en la inmediatez, sino, sobre todo, en el medio y largo plazo. Si no somos capaces de proyectar políticas en el medio o el largo plazo, las coses por si solas difícilmente se resolverán y, normalmente, las cosas van a peor si no hay una conducción o un liderazgo cuando hablamos de este tipo de cuestiones sociales.
Son muy importantes los consensos. Hay temas que deben quedar fuera de las luchas partidistas y cuestiones como la vivienda, como los jóvenes recién llegados, las políticas de apoyo a las familias, temes de salario mínimo y las condiciones que tienen que ver con la ocupación y la ocupación de calidad. Hay unos mínimos que se deberían poder pactar, igual que en un determinado momento se pudo pactar la renta garantizada.

¿Qué podemos hacer como sociedad?
Creo que nosotros tenemos la responsabilidad de transmitir mucho a la ciudadanía lo que hacemos, cómo lo hacemos, porqué lo hacemos y también de alguna manera dar datos cuantitativos y cualitativos de los diversos fenómenos para acompañar. Porque a menudo lo que hay es mucho desconocimiento. Tendemos a excluir lo que desconocemos porque es diferente. Todo lo que sea conocer otras realidades nos puede ayudar. Es en este aspecto que nos queda mucho recorrido de mejora. No solo a las entidades; yo creo que las entidades hemos hecho un esfuerzo muy importante de comunicación. Ahora la mayoría tenemos herramientas, tenemos canales compartidos de comunicación o canales propios de comunicación y eso ayuda mucho. También debemos encontrar complicidades de los medios de comunicación. Poner el énfasis también en el sufrimiento de estos jóvenes que llegan aquí, en sus historias de éxito... No hagamos esta mirada tan criminalizadora y tan estigmatizante.
Yo pienso que estamos en una sociedad que, por otro lado, colabora. Colabora muy activamente, muchas veces en muchas organizaciones. Por tanto, la ciudadanía puede hacer muchas cosas y también, a parte de su implicación en estos temes, debemos ayudar a incorporar una mirada crítica, que seamos capaces de cuestionar qué se hace o de pedir más y de pedir también más capacidad de incidencia de la propia ciudadanía, pero esto aún cuesta.

¿Podríamos decir que es necesaria más innovación en las entidades sociales? 
Yo creo que nos vamos adaptando, pero sí, la innovación se tiene que incorporar como motor. Hemos ido innovando sobre todo con temas que tienen que ver con la práctica, en el sentido de concebir nuestras prácticas como mucho más empoderadoras de la persona y no tanto desde el asistencialismo hacia el otro, o de cubrir las necesidades del otro, sino realmente darle protagonismo y que pueda identificar estas necesidades y que, además, también pueda ubicar sus necesidades y demandas en un contexto de derecho. No es venir a pedir caridad, sino venir a pedir aquello a lo que tengo derecho. Es un cambio de concepción importante. También hemos avanzado mucho en un trabajo en red más compartido y con mucha más vocación de incidencia pública y política.
El sector también tiene sus propias sinergias, sus propias dinámicas y todo lo que tiene que ver con experimentar nuevas modalidades, incluso relacionales, con otros movimientos o nuevas prácticas, o en incorporar, por ejemplo, a las personas que han estado en situación de exclusión en diferentes espacios. Y todo esto lo hemos hecho, lo estamos haciendo, pero siempre cuesta. Hay cierta inercia que nos cuesta, pero creo que es humana también, en el hábito tenemos cierta comodidad e introducir cosas nuevas o cuestionarte no es fácil.

ECAS es una federación de entidades, así que estáis muy acostumbrados al trabajo en red. ¿qué aporta esta manera de trabajar?
Como ECAS nacimos hace 15 años y yo creo que en un primer momento nos unía la necesidad de conocer, de ceder conocimiento, de compartir metodología, de compartir la manera de entender la acción social y también de poder incidir juntos, por varias cuestiones: una tienen que ver con cierta legitimidad, no es lo mismo que un órgano detecte determinadas cosas que se tienen que cambiar, que no que esto lo haya compartido con otras entidades que estén trabajando en el mismo ámbito y que todas tengan, no sólo la sensación, sino que todas hayan llegado a la misma conclusión y que lo puedan explicar, y que, por lo tanto, alguien pueda hablar en nombre de todas. Y después hay también una cuestión de capacidad de incidencia y de cierta protección. Al final el tercer sector cuando está demasiado cómodo no está haciendo bien las cosas. El tercer sector debe hacer un papel que es incómodo por naturaleza misional, la cual cosa no quiere decir que deba estar permanentemente cuestionándolo todo. Debe denunciar, debe cuestionar y debe proponer cosas y también debe poder reconocer cuando se hace una buena práctica. Esto si se hace desde una única organización siempre te sientes más desprotegido que no si lo haces desde una estructura de segundo o tercer nivel, entonces yo pienso que lo que hemos ido descubriendo a lo largo de este tiempo es que cuando hacemos juntos las cosas normalmente aprendemos más, somos mucho más eficaces, somos mucho más efectivos y podemos alcanzar mejor nuestros objetivos, aunque por el camino hay una cuestión clave, que es la construcción de confianza. Y esta construcción de confianza requiere muchas veces de tiempo y también requiere de generosidad por parte de todos, porque cuando estás trabajando en red con otras entidades lo haces por el conjunto. Debemos ser capaces de poner la cooperación y la colaboración en primer plano. Esto debe ser lo que vertebre nuestras relaciones, porque la final lo que queremos es trabajar bien con las personas. Debemos dejar atrás los protagonismos.

Hay personas con pocas oportunidades en el mercado laboral, ¿debemos aceptar que la única opción para ellos es la recepción de prestaciones?
Este es uno de los debates que tenemos, y no sólo en el tercer sector, sino como sociedad. Tiene que ver también con los procesos de automatización de determinados trabajos y no hay consenso. Hay quien dice que se perderán los puestos de trabajo, sobre todo los menos cualificados y hay quien dice que habrá cierta reconversión. Yo pienso que se perderán estos puestos de trabajo menos cualificados, como mínimo, alguno de los que conocemos. Y efectivamente este es un debate que no estamos teniendo y que deberíamos tener. Primero en clave global, porque hasta hace 4 días nuestra identidad como personas pasaba por la ocupación: me llamo tal y soy tal cosa. En el momento en que esto cae, para la persona tiene un efecto si no se acompaña. Y para la sociedad también, y tiene un efecto en la contribución a la comunidad y posiblemente nosotros como entidades, y nosotros como sociedad, debemos poder poner en valor o encontrar otras maneras de que la persona se sienta integrada o se sienta útil en una comunidad, que no pase por el trabajo. Pero esto también comporta todo el tema de las prestaciones. Yo creo que en general el tercer sector tiene un consenso absoluto sobre la cuestión de la renta. Absoluto. Y sobre la garantía de ingresos. Otro tema es el tema de la renta y las modalidades. Aquí ya no hay tanto consenso. Seguramente hay quien defiende una renta básica, hay quien defiende una renta garantizada condicionada, hay quien no la condicionaría, etc. Pero claro, nosotros vivimos la renta garantizada como un éxito, pero ciertamente tiene mucho recorrido de mejora. Primero porque de fondo, y no sólo es una cosa que tenga que ver con la renta, se deberían poder racionalizar todas las prestaciones que hay en un sistema mucho más claro, más ágil, mucho más transparente y compactar prestaciones. Hay demasiadas prestaciones y muchas veces las personas no saben a qué tienen derecho. Seguramente el sistema debería ser mucho más sencillo, mucho más al servicio de la ciudadanía. También deberíamos evitar los procesos que hacen que la persona esté permanentemente pidiendo. Esta persona tiene derecho a esto y no hace falta que me explique su vida entera otra vez para que le autoricemos esta prestación u otra.
Un tema que no está nada resuelto es la vivienda. Todavía tenemos un paradigma que es del pasado, por ejemplo, todavía nos cuesta entender que hay unidades familiares que conviven en la misma vivienda y son dos unidades familiares y no una. Quizás son hermanos con sus correspondientes familias compartiendo una vivienda, pero que no tendrían por qué compartir una prestación.
A veces confundimos, creo, la responsabilidad que la administración tiene y las entidades tenemos, de supervisar y gestionar de manera responsable el dinero público, con un exceso de fiscalización, incluso juzgando excesivamente al otro. Yo creo que aquí hay un límite. Una cosa es que tu tengas la responsabilidad de que nadie esté compatibilizando esto con determinadas economías sumergidas, que no haya fraude… pero evidentemente las cosas son mucho más complejas de lo que parece y debemos poder tener una mirada más abierta y confiar en el otro, como mínimo de entrada, dar las condiciones para y después si hay alguna cosa que se deba reconducir, se reconducirá. No al revés. Cuando ponemos la mirada fiscalizadora la primera, la mirada culpabilizadora la primera, y después si se gana la confianza ya le daremos… estamos marcando ya una relación que a la persona posiblemente no la deje salir del lugar de pobre.

¿Si la vivienda es un derecho, por qué cuesta ejercerlo?
En los estudios de derecho hablan que muchas veces el problema es la colisión de derechos o la jerarquía de derechos. Aquí en vivienda la pregunta es “¿qué prima más el derecho a la vivienda o el derecho a la propiedad?” y es evidente que prima el derecho a la propiedad. Al final se pueden reconocer los derechos, pero si no hay una concreción en políticas, es papel mojado. No parece que se vaya a resolver el tema de la vivienda. Da igual la adscripción ideológica que tu tengas, tu puedes poner el peso más en la propiedad que en la vivienda, pero tienes una responsabilidad política. Igual en un extremo del abanico habría quien expropiaría pisos y regularía y diría “no puedes tener más de dos pisos”; y en el otro extremo prima mucho el derecho a la propiedad, pero debemos encontrar una propuesta que a nadie le rechine, que cualquier persona con responsabilidad política debe entender que esto es un problema de primer nivel ahora mismo y que afecta a la vida de muchísimas personas.

Dicen que en los malos momentos se aprenden muchas coses, ¿crees que con las situaciones que estamos pasando hemos podido reorientar la manera de trabajar y hacerlo mejor?
El momento de la crisis, de la que todavía no hemos salido del todo, fue muy duro para las entidades, porque hubo muchos recortes que afectaron a las personas que atendemos desde las entidades y también hubo recortes hacia las propias entidades. En una situación de precariedad que ya había, todavía se vieron menos recursos para una situación más compleja. Creo que se hicieron muchos esfuerzos, muchos, sobre todo las entidades, para reinventarse y reinventar sus propias prácticas; de aliarse entre ellas para encontrar otra manera de hacer, y en este punto pienso que se aprendieron cosas. Ahora, siempre seré muy crítica con esto de que fue una oportunidad de aprendizaje. Aquello fue una adaptación. Esta crisis es una crisis y es un rollo y no es una buena noticia… frente a esto lo que debemos hacer lo hacemos, pero no era una elección ni es un hecho que nos fuera muy bien a las entidades. Ahora bien, yo sí pienso que después de esto se han aprendido cosas. Es verdad que las entidades en 20 años hemos cambiado mucho. En lo que sería, aunque no me gusta mucho la palabra, la profesionalización, la adopción de prácticas, que hemos copiado del mundo de la empresa, y nos ha ido bien. Pero tampoco nos confundamos, una cosa es adoptar los cuadros de mandos, las metodologías de los CRM y todo esto, que creo que todo esto nos ayuda y nos hace ser más competitivos, en el sentido de mejorar lo que son nuestras prácticas... y otra cosa es perder de vista la función social que tenemos. Debemos tener un equilibrio. Yo creo que otra lectura positiva de lo que ha sido este periodo es la articulación de redes. Ha sido un periodo en que la gente ha visto que era muy importante fortalecer nuestras redes de trabajo compartido, porque ha sido mucho más fácil.

A parte de este trabajo en red, ¿habéis observado otros avances en las entidades sociales?
Creo que hemos tenido muchos avances, por ejemplo, en la incidencia pública, en la manera de comunicar... hemos mejorado y hemos aprendido mucho y llegamos a mucha más gente porque antes pienso que éramos un poco endogámicos y ahora somos capaces de comunicar, de hacer comunicaciones hacia la ciudadanía, con las entidades... con vídeos, con flashmobs, con campañas en twitter... yo creo que esto lo hemos mejorado. La incidencia política es evidente que la hemos mejorado mucho, sea desde la revisión y participación en despliegues normativas de leyes o en la propia confección de las leyes, por ejemplo, en la renta garantizada, y participando en todo el reglamento, procedimientos, protocolos… tenemos una participación muy activa, una interlocución también con los partidos políticos. En 20 años es un cambio exponencial muy importante. Los informes… ahora mismo tienes a tu alcance muchos informes de calidad, desde el informe FOESSA, los informes de Cruz Roja… los informes de ECAS… hay muchos informes y productos que nos ayudan a identificar buenas prácticas y también a poner la dirección en el lugar que no está funcionando. Hablamos mucho más con Europa, de experiencias europeas… participamos más en las redes en general. Con FEANTSA… hay mucha más interrelación a nivel más global y esto también hace que nuestra mirada sea mucho más rica. Yo creo que la lectura general de lo que hemos ido haciendo y de los retos que tenemos por delante es positiva. Creo que en la acción social siempre se tienen retos por delante. Nosotros siempre tenemos la responsabilidad de encontrar una mejora en el contexto en el que estamos. El tema en nuestras sociedades es la desigualdad. Después de esta crisis hay gente que tiene mucho más dinero que antes de empezar la crisis. Esto también es otro indicador. Es verdad que hay cosa que funcionan mucho mejor, cosas que hace años no estaban ni sobre la mesa, como la garantía de ingresos, pero claro, nosotros como motor siempre debemos buscar lo que falta. Ahora nos falta actualizar la IRSC, por ejemplo, porque esto no lo lleva casi nadie en el programa. Es el índice mediante el cual se calculan todas las prestaciones. Hace años que está congelado.
La acción social siempre es un equilibrio, yo creo, entre la posibilidad y el límite. Al final nos movemos aquí.

¿Crees que ser ciudadanos de pleno derecho es una utopía?
Yo creo que no. Creo que llegaremos, o que debemos llegar. Ahora bien, el otro día, por ejemplo, leía “la política está en manos del marketing” y esto es importante. Debemos recuperar disciplinas como la filosofía, para tener herramientas, para ver la realidad más allá de lo que es inmediato. Ser ciudadano o ciudadana de pleno derecho significa mucha más información política de la que tenemos, pero política no entendida como partidismo, sino como más formación sobre los temas que nos pasan cada día, sobre las propuestas, y esto significa otra manera de relacionarse también con el saber, que no es tan inmediata, ni tan mediática, ni es tan de mensaje. Ara es todo como un slogan. Pensar requiere de un tiempo lento, de una cierta capacidad crítica. No es inmediato y estamos en una sociedad muy rápida. Bauman lo llamaba la sociedad líquida. La liquidación del vínculo. Robert Castel incluso decía: en la acción social si no estamos muy atentos generamos circuitos paralelos, circuitos que en realidad hacen que la persona circule, pero nunca es promocionada socialmente. Por tanto, desde aquí debemos estar atentos al fenómeno de la exclusión que va a producir constantemente gente excluida, y al fenómeno delos circuitos de control social por donde circula la gente excluida, que no se mueve nunca de aquí. El objetivo debe ser promocionar socialmente a las personas, pero es difícil en esta adinámica tan dura.