Silvia Reyes Escorihuela, Subdirectora del Área de Personas y Valores

El voluntariado te invita a experimentar y a reflexionar sobre muchísimas cosas. El voluntariado te confronta y  tiene la necesidad de ser un agente de transformación social.

Silvia Reyes Escorihuela es la Subdirectora del Área de Personas y Valores en Sant Joan de Déu Serveis Socials – Barcelona y lleva casi 14 años como responsable de Voluntariado en la entidad. Pero también ha vivido la experiencia como voluntaria durante 8 años, tanto en Sant Joan de Déu Serveis Socials – Barcelona, como en Intermon Oxfam.

Su dilatada experiencia en este ámbito le permite conocer en profundidad la figura del voluntariado. En esta entrevista nos transmite el valor de las personas que ceden su tiempo a entidades sociales y como se ha transformado su papel a lo largo del tiempo.

 

El voluntariado se ve y se vive como una oportunidad transformadora. ¿Nos puedes explicar por qué tiene esta fuerza?

A lo largo de toda mi experiencia, tanto como voluntaria, como como persona que acompaña a voluntarios, he vivido la evolución de lo que mueve a una persona a ser voluntaria. Las motivaciones son muy diversas, así que he aprendido a no juzgar ninguna de ellas. Esto es muy importante. Cada persona está en un momento concreto de su vida, que es el momento que quizás le impulsa a tomar la decisión de hacer un voluntariado, y ese momento puede ser muy diferente.

La experiencia me dice que, en la medida en que esta persona deja un espacio en su vida para conectar con otra realidad que no es la habitual en su vida, por ejemplo, con el colectivo de las personas sin hogar, que es el colectivo que nosotros atendemos, pues entonces es ese encuentro y es esa relación que experimenta la persona voluntaria con la persona atendida, la que transforma esa motivación. El contacto, el encuentro y la experiencia del voluntariado con una realidad que inicialmente es desconocida destruye muchos tabúes. Es esa experiencia de encuentro lo que hace que esa persona voluntaria transforme su motivación y, por tanto, esa continuidad en su experiencia como voluntario y, sobre todo, transforme también su entorno.

Porque el voluntario tiene una vocación de transformación de su entorno. El voluntariado no puede quedar en su interior, cómo experiencia interna únicamente, sino que el voluntario tiene la necesidad de ser un agente de transformación social. Por lo tanto, que esa experiencia después la sepa expandir en su entorno familiar, en su entorno de amistades, porque así es donde se va creando la conciencia social. Por eso nosotros hablamos de que el voluntariado es un itinerario, es un proceso.

Parece que el voluntariado se ha ido transformado al ritmo que lo ha hecho la sociedad.

Sí que he visto una transformación de lo que llamaríamos el perfil del voluntariado, desde el 2005 hasta la actualidad, en 2019. Inicialmente este perfil de voluntariado seguía un poco más una misión asistencial, a lo que nos referimos como una relación más paternal, o maternal: yo voy, yo te ayudo y tu recibes mi ayuda.

Sin embargo, sí que hemos visto que a lo largo de todos estos años ha habido un impacto muy positivo de la gente joven, que ha querido dar un paso hacia adelante sobre el voluntariado. Esto en otros países europeos ya está más que sabido, pero en España el perfil era de personas que se jubilaban, personas que tenían más tiempo... Sin embargo, en los últimos años se ha visto un rejuvenecimiento muy amplio, y no solamente en nuestra entidad sino también en otras entidades de San Juan de Dios, porque las personas jóvenes han querido formar parte del voluntariado. La juventud ha querido tomar parte de esa transformación, de esta conciencia social. Se han preguntado "¿qué es realmente lo que yo puedo hacer para contribuir?". Esto lo podemos ver claramente con todo lo que está sucediendo ahora con el cambio climático, quién está interpelando más y quien está llevando más la voz cantante son los jóvenes, y nos están arrastrando a las personas que a lo mejor no hemos tenido esa vivencia.

Hay una juventud que realmente se está comprometiendo, es cierto que, en ese perfil, la juventud lo que te ofrece es frescura, es dinamismo, experiencia porque están muy formados, pero también es verdad que por el impacto de la sociedad es todo muy inmediato y está el pequeño hándicap de la inestabilidad, del compromiso. Las entidades sociales que queremos trabajar con jóvenes eso lo tenemos que aceptar. Es la realidad de nuestros jóvenes y no podemos cerrar los ojos ante eso. Tenemos que hacer planificación interna que permita esa versatilidad.

Después hay otro perfil, es ese perfil de persona que está entre 40 y 60 años, que son perfiles profesionales, hombres y mujeres... y quiero destacar la figura del hombre que es padre de familia con de uno a tres hijos, activo laboralmente y con unos puestos de trabajo de alta responsabilidad, directivos, por ejemplo, y con un nivel competencial muy elevado... este perfil de persona no es habitual que viniera a un espacio de voluntariado. Que ellos decidan que en su vida quieren dedicar un espacio de tiempo al voluntariado tiene una valía tremenda. Esto aporta a la entidad, como la entidad aporta a esta persona que revierte en su entorno.

Yo no considero que la valía de una persona este por su capacitación competencial o formativa. Cualquier persona con cualquier capacitación puede tener una valía impresionante en la atención a personas en situación de sin hogar, pero es cierto que, en este caso, todo el desarrollo personal y profesional de esa persona sí que impacta positivamente en determinadas tareas y en determinadas funciones, que puede desplegar un voluntario en una entidad como la nuestra. Por ejemplo, personas que son abogadas y están haciendo asesoramiento jurídico, personas que están haciendo iniciación informática, que están desarrollando talleres formativos laborables, etc. 

Al estar estas personas muy conectadas con el ámbito laboral y el mundo de la empresa, hacen de puente entre las personas que atendemos y esta sociedad. Yo creo que es un win-win, aquí ganamos todos.

Algunas personas te explicitan que para ellos esta experiencia voluntaria es ubicarse en otro espacio-tiempo. Si esta persona es director de algo, cuando entra aquí se pone todos sus instrumentos cuándo tiene que servir la cena... su ritmo cambia, la vorágine de su mundo laboral de repente para, y es una experiencia que a ellos les alimenta muy personalmente porque le posiciona a él y a la escala de valores, los principios, incluso su propio sentido de la vida, de una forma que les enriquece como persona, como padres, como maridos... esto tiene una valía increíble, y para la entidad también tiene una valía que haya voluntarios que también puedan aportar desde otro sitio, otra función.

¿Y cómo se incluye la figura del voluntario en el equipo?

Todos estos perfiles han influido muy positivamente en el concepto que tienen nuestros profesionales sobre el voluntariado. Los voluntarios tienen que convivir con los profesionales en la entidad. La persona que atendemos es una y hay diferentes agentes que participamos en el proceso de vida que acompañamos a esa persona durante la estancia en nuestros programas. Nosotros tenemos que trabajar juntos y vivirlo como un equipo.

En esa construcción conjunta sí que se ha notado un incremento en la participación del voluntariado en diferentes momentos y aspectos de la vida de nuestros centros y esto es una valía muy grande. Y esto lo he notado de una manera impresionante con estos nuevos perfiles que he comentado, tanto con la gente joven como con los perfiles de 40 a 60 años. Porque el voluntario deja de ser agente pasivo a agente activo.

Ellos quieren contribuir desde lo que ellos pueden aportar. Te vienen y te dicen que quiero hacer esto, te propongo esto… esto es un cambio radical. A veces las tareas del voluntario se gestionan con el educador social y este recoge la propuesta y la ha de casar con las necesidades de la persona atendida o del recurso, por supuesto.  Esto es una ganancia, ha habido una evolución grandísima. Hay una comunicación absolutamente rápida entre el voluntario y el educador. Ellos se coordinan, entre ellos proponen, evalúan...

Lo voluntarios hacen cada vez más tareas, ¿cómo encajan las funciones de los voluntarios con la de los trabajadores?

Los roles no se confunden porque los trabajadores tienen claras sus funciones y la función del voluntariado es ofrecer un valor añadido.

Si los 96 voluntarios que tenemos actualmente en nuestra actividad se fueran mañana, los servicios y la atención a las personas que acompañamos se daría, pero no exactamente igual, y ese es el valor del voluntariado.

El voluntariado lo que nos tiene que dar es ese plus añadido, enriquece la atención. Un trabajador no puede estar una hora de reloj hablando con una persona atenida en el hall de entrada, pero eso sí lo ofrece un voluntario, o los trabajadores no pueden hacer el paseo comunitario, una actividad nueva que es irse con un grupo de personas que tiene alguna dificultad de movilidad y pasear por la comunidad. Y también apoyan en los servicios, como la lavandería, a algún profesional.

¿Crees que todas las personas pueden ser voluntarias?

Yo creo que todas las personas pueden ser voluntarias. Lo deseable sería que todas las personas en algún momento de su vida pudieran tener esta experiencia. Para mí el voluntariado es una experiencia de vida. Si tú quieres, puede transformar tu vida.

Siempre decimos que puedes “hacer de voluntario o voluntaria” o “ser voluntario o voluntaria”. Hacer de voluntario significa que el voluntariado es para mí una tarea más en mi día a día, pero no impacta sobre mi ni transforma. Si yo quiero ser voluntaria significa que voy a dejar que esto me impregne.

Yo considero que todas las personas tenemos el potencial y la posibilidad de poder hacer esta experiencia y de poder ser voluntarios en algún momento de nuestra vida, pero todos en nuestra vida tenemos momentos de dificultad. Momentos vitales donde, quizás, nosotros no estamos en un momento oportuno para poder saber dar y poder saber recibir. Porque voluntariado es dar y recibir, no sólo dar. Por ejemplo, si estás en un momento de duelo por la muerte de una persona cercana, no estás en el momento de hacer voluntariado. Eso no significa que, en otro momento, cuando hayas elaborado ese duelo, tú puedas tener esa experiencia.

Nosotros siempre decimos que es muy importante el equilibrio emocional en el voluntariado. Eso no quiere decir que una persona con problemas de salud mental no pueda hacer voluntariado. Efectivamente esa persona tendría que ver con qué voluntariado se podría sentir cómoda. Hay muchísimos tipos de voluntariado, pero no puedes anular a esa persona, aunque tenga esas dificultades de salud mental, a tener esa experiencia voluntaria.

En mi equipo de voluntariado he tenido personas con esa casuística y nadie se ha dado cuenta de que está en esa situación. Es una experiencia de vida y todas las personas podríamos estar invitadas a tener esta experiencia.

Es una experiencia transformadora, me transforma a mí y transforma a mi entorno.

Si una persona quiere y decide, ya que debe ser una decisión libre, y dentro de una organización, esto también es muy importante, ya que el voluntariado se enmarca siempre en una organización, entonces si realmente todo esto se da, realmente poder dedicar un tiempo a otra persona sin tener una contraprestación económica, tiene una valía increíble. Le das un valor distinto al tiempo de lo que la sociedad le da, porque tú le das una valía distinta a lo que significa ser útil. Porque ser útil puede ser escuchar a una persona a la que nadie ha escuchado.

El voluntariado te invita a experimentar y a reflexionar sobre muchísimas cosas. El voluntariado te confronta. Yo invitaría a que todo el mundo tuviera esta experiencia en algún momento de su vida.